Plaza de la República

Casi todos con familia, pareja, amigos. Me sentí solo. Pero en la fila para bajar del Monumento a la Revolución recordé la última frase de "Adon Olam" y reconocí la indescriptible compañía de Di-s. Me gustó mucho ver cómo se mojaban los niños en las fuentes. Caminé hacia mi casa, compré pan, pensé mucho. Más fotos a partir de acá.

Enrique Fuentes Castilla

"La ignorancia es infinita", dijo un par de veces esta mañana en su Librería Madero. Le compré el libro del conquistador anónimo y la Guía retrospectiva de la Ciudad de México de José L. Cossio, además de un mapa del Valle de Anáhuac. Hablamos de la estatua de Iturbide y de mi papá, quien marcó para compartir una noticia.

DF con historia

Llegó una prueba de la imprenta. Me gusta en la portada el Conjunto Urbano Presidente Alemán, donde vivió mi abuela. El trabajo con Daniel, Claudia, María Dolores, Ana Grisel, Diego y los colaboradores fue muy bueno; agradezco. La guía 'DF con historia' (Editorial Mapas, 2011) sale en diciembre en el DF y varias ciudades de la República.

El lugar de fundación de Tenochtitlan

"El islote donde se localizó el nopal con el águila estuvo, según algunos, donde se encuentra el templo de San Pablo, lugar del antiguo Temazcaltitlan; según otros, "en lo más alto de la isleta", donde se localiza la antigua capilla de San Antonio Abad; según más, en el terreno ocupado por el Jardín de la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, en la Plaza de Santo Domingo; pero los mejor informados aseguran que se encontraba en el sitio donde se levanta la Catedral Metropolitana, en el lugar de la capilla de San Miguel. El arquitecto Ignacio Marquina propone el que debe encontrarse a unos 50 metros al Norte de la esquina de las actuales calles Seminario y República de Guatemala, y aproximadamente a 30 metros al Este de la acera actual de República de Argentina (...) Aquel islote era pequeño, y según parece por el Norte llegaba a las actuales calles de República de Costa Rica, por el Oeste a Leona Vicario, por el Sur a República de Uruguay, y por el Este a Bolívar y Allende. En forma irregular se prolongaba hacia el Noreste, hacia Tlatelolco, salvando una pequeña laguna de la que ese barrio derivó su nombre: La Lagunilla."

Fuente: Anatomía de la Ciudad de México (1973) de Héctor Manuel Romero.

Sobre la salida de Aztlán

"Francisco Javier Clavijero (1731-1787) es el cronista de este primer acto de peregrinación de un pueblo, el mexica, que en el año 160 E.C. inicia su ingreso al escenario de la historia: 'Había entre los aztecas un personaje muy autorizado llamado Huitziton, y a cuyo dictamen y superiores luces deferían mucho los demás. Este se había empeñado, no sé por qué causas, en persuadir a sus nacionales la transmigración de su patria a otro país. Andando en esos pensamientos, oyó casualmente cantar en las ramas de un árbol a un pajarillo cuya voz remedaba el sonido de la palabra tihuí, que en lengua mexicana significa vamos. La pareció esta buena ocasión para lograr su intento. Y así llamando a otro hombre de distinción nombrado Tecpaltzin, lo llevó hacia el árbol donde solía cantar el pajarillo, y le dijo: ¿No habéis adivinado, amigo Tecpaltzin, lo que esta avecilla nos está diciendo? Este sin duda es aviso de alguna oculta deidad que se interesa en nuestro bien. Obedezcamos, pues, a su voz, no sea que nuestra resistencia atraiga su indignación contra nosotros'."

Fuente: Anatomía de la Ciudad de México (1973) de Héctor Manuel Romero.

República de Cubas

Le digo adiós a Amberes como la calle gay de nuestra colorida ciudad. O mejor dicho saludo a su espejo distorsionado, que es la arteria del Centro en donde antiguos cronistas creen que la Malinche pasó sus últimos años antes de morir supuestamente envenenada. Estoy hablando de República de Cuba, el primer camino empedrado de la Nueva España en el siglo xvii. Entre el Eje Central y Allende se planta desde quién sabe cuándo un éxitoso pasadizo fiestero en el que de noche todos somos como gatos y no necesariamente igual de pardos. Ni Regina ni Álvaro Obregón ni otros corredores nocturnos se equiparan con este hervidero de personas que cruzan de un bar a otro como si todavía viviéramos sin alcoholímetros ni horarios de estado panista. Me gusta evocarlo como un túnel entre el Centro barridito y la esperanzadora Garibaldi, en cuyas inmediaciones las horas corren como cervezas en after y en donde poco importa presentarse como homo, hetero, bi, trans o el conjunto de las anteriores. Es una zona de tregua. Recuerdo a Carlos Monsiváis no hace tanto en la barra de un Viena sin remodelar, sonriente y solitario como la mayoría de los parroquianos y conversando con el mesero súper bajito que varios de ustedes reconocerán. Es una cantina estupenda, a pesar de que la remozada la dejó como un Vips, con todo y la música que uno escucharía en un Vips. Yo prefiero el Oasis, a un lado. ¿Qué sería de la vida nocturna del DF sin su espectáculo de meseros panzones y cada vez más ñores los viernes a la medianoche o los globos con papelitos premiados? Poco ha cambiado este bar y salón de baile en sus casi 60 años de existencia. Mucha tejana y sombreros vaqueroides de un tiempo para acá, eso sí. Los que no le ven el chiste al Oasis –no lo necesita, advierto– suelen irse directo al Marrakech o a La Purísima de los afabilísimos Víctor y Juan Carlos para bailar lo mismo con La Casa Azul que con Lady Gaga, y pasar calorones. Más al Oriente se encuentran la cantina El Río de la Plata, asexual como la cerveza –es posible que aquí vendan la más barata del Centro Histórico– e igual de mexicana que la jotería heterosexual del diario, y La Perla con su show travesti de plástico y caguamas cuya ingesta desemboca en moretones y demás desvaríos mañaneros. Ya desde los siglos coloniales la calle de República de Cuba –que portó los nombres de Ballesteros y El Águila antes de que José Vasconcelos latinoamericanizara la nomenclatura del Centro– tenía fama de festiva. Aquí estuvieron las pulquerías que fray Juan de Zumárraga cerró en 1529 por orden de la reina de España. El motivo: la música y el baile afuera de los establecimientos. Claro que poco le duró el gusto a doña Juana I de Castilla. Pero en el xvii vuelven los correctivos: el virrey Mancera castiga a los borrachos de esta calle con cortes de cabello y hasta el destierro a Filipinas. Excelentes medidas para más de un visitante actual de República de Cuba, tengo que decirlo.

Publicado en la columna Sic transit gloria noctis de la edición de octubre de 2010 de la revista Dónde Ir.

Terremotos en el Valle de México

1475. Epicentro en el Valle de México.
1496. Agrietamiento de los suelos del islote.
1589. Caen varios edificios.
1698. El tres de septiembre un sismo produce el colapso de dos casas.
1711. Se cae la casa del cabildo. Brotan por la ciudad afloramientos de agua.
1753. El 29 de julio se dañan casas, edificios y templos.
1776. El 21 de abril se colapsa la cárcel de La Acordada.
1820. El cuatro de mayo se derrumban o abren varios acueductos de la ciudad.
1835. El ocho de enero se registra un sismo que daña casas y edificios.
1845. El siete de abril algunas poblaciones cercanas son severamente dañadas.
1858. El 10 de junio se dañan las vías del ferrocarril.
1864. El tres de octubre se registra un sismo que daña casas y edificios.
1882. El 19 de julio se dañan casas y edificios.
1907. El primer sismo registrado por el Instituto Geológico Nacional.
1909. Se registran sismos que dañan las nuevas colonias y San Ángel.
1957. Mueren 160 pesonas y cae la victoria de la Columna de la Independencia.
1985. Se colapsan más de 400 construcciones y mueren miles de personas.

Fuente: Wikipedia.

Sobre el origen de la Ciudad de México

"A causa del insoportable hedor que despedían los (...) cadáveres se encendieron grandes luminarias para purificar la pestilente atmósfera; hubo que dejar transcurrir cerca de cinco meses para reconstruirla (...) Mucho se vaciló para elegir el mismo sitio. Varios conquistadores opinaban que se fundase la nueva ciudad en Coyoacán, otros que en Tacuba y quiénes que en Texcoco. Se alegaron diversas razones, pero prevaleció la de Cortés que dijo: 'Que pues esta cibdad en tienpo de los indios avía sido señora de las otras provincias á ellas comarcanas que tanbién hera razón que lo fuese en tienpos de los cripstianos é que ansí mismo decía que pues Dios Nuestro Señor en esta cibdad avía sido ofendido con sacrificios é otras ydolatrías que aquí fuese servido con que a su santo nombre fuese onrado é ensalzado más que en otra parte de la tierra' (...) Una de las primeras medidas llevadas a cabo por el Ayuntamiento fue formar la traza (...)  El perímetro llamado 'la traza' estuvo limitado hacia el Norte por las calles llamadas hoy [en 1900] Del Carmen, Apartado, Pulquería de Celaya, Puerta Falsa de Santo Domingo, Espalda de la Misericordia y Cerca de San Lorenzo hasta el Puente del Zacate; hacia el Poniente por esta última calle y las de Rejas de la Concepción, Puente de la Mariscala, Santa Isabel, San Juan de Letrán, Hospital Real, San Juan; hacia el Sur por Vizcaínas, Tornito de Regina, San Jerónimo, Cuadrante de San Miguel, Buena Muerte y San Pablo; y hacia el Oriente por las de Muñoz, Curtidores, La Danza, Talavera, Santa Efigenia, Alhóndiga, calles de La Santísima y el Callejón del Armado."

Fuente: México viejo (Porrúa, 1900) de Luis González Obregón.

¿Te acuerdas de El Patio de mi Casa?

La pregunta es retórica. Por supuesto que te acuerdas. Además no ha pasado tanto desde su clausura, aunque parezcan siglos. El Patio de mi Casa es uno de esos lugares generacionalmente recordables, como también lo fueron El Nueve, Rockotitlán y tantos otros que nunca conocí. Llegué a El Patio en 2005, poco después de su inauguración. Vizcaínas no ha cambiado demasiado: aún hay que sortear ratas para cruzar de una banqueta a la otra. Eso me recuerda al señor que nos robó la caja con el dinero una vez que dimos un concierto del Colectivo Cats; las ratas le impidieron correr demasiado aprisa, y por eso fue fácil atraparlo. Esa noche cobramos 10 pesos de cover, y con lo que juntamos pudimos pagarle a Rafa por habernos producido “Yo Vivo Sobre Tlalpan”. El “concierto” consistió en esa única canción. Karla Miranda, la legendaria co propietaria, nos permitía hacer lo que quisiéramos. A nosotros y a todo el mundo; ¿quién no tocó alguna vez en El Patio de mi Casa? Por cierto que hace un par de años la busqué para comprarle el neón con forma de la virgen de Guadalupe que duró un ratote en ese cuartito al fondo que delataba el uso original de este local: un banco, y elegante a juzgar por el techo. Al final no lo compré, pero tengo varias fotos, tanto de la virgen como de algunas situaciones que era común ver ahí. Hace un momento mencioné a Rafa, quien mezcló en El Patio, solo y con amigos, infinidad de veces. Me costaría trabajo deslindar su recuerdo de los que tengo de este entrañable bar. También evoco con cariño presentaciones de Afrodita y de Post Pastel y una de Mono Mono en la que terminamos tardísimo y llenos de espuma. Entonces era común seguirla en un Sanborns para desayunar. ¿Era El Patio un after del Pasagüero y del Centro Cultural de España, un tugurio para amigos del Myspace, una salita de conciertos, un bar gay, un efectivo colador para los escenosos más fresas? Para mí es el único bar que he considerado propio hasta la fecha; sus paredes son un disco duro de abrazos, sonrisas y cervezas. Lo último que supe fue a través del Myspace, lo habrá escrito Karla: “Queridísimos reventadotes, por cuestiones de varo, papeleos, delegaciones, fundaciones y todo lo que termina en jodones, El Patio estará de recreo en Playa del Carmen unos meses (…)”. Y yo sigo esperando, desde diciembre de 2007. El garage de Vizcaínas 22 continúa vacío y yo extraño a esos amigos que no he vuelto a ver desde que cerraron El Patio de mi Casa. ¿Se habrán ido a Playa? No lo dudo ni tantito.

Publicado en la columna Sic transit gloria noctis de la edición de septiembre de 2010 de la revista Dónde Ir.

A propósito de los terremotos de 1985

"Lo más insoportable durante el día fueron los gritos de auxilio. Allí estaban esas montañas de escombros, de acero y cemento, y nosotros sin el equipo necesario, sin grúas ni escaleras telescópicas ni trascabos, sólo con palas y picos y tenazas. La impotencia ante la agonía de alguien que está nomás a unos pasos es lo peor que me ha pasado, se lo juro. Mire, rescatamos a una señora que se la pasó gritando, incontrolable, que salváramos a su esposo y a sus hijos que se hallaban bloqueados por un techo. Ella lloraba, y los cadáveres de su familia allí muy cerca, pero no los reconocía, no veía nada ni aunque hubiera querido. Sólo lloraba y gemía, y repetía nombres. Un voluntario muy jovencito no aguantó y se puso también a chillar. No se le ocurrió otra forma de ayudarla. Otros nomás llegaban y decían: 'Ya encontramos dos muertitos', como para interponer el diminutivo entre ellos y su ciencia del drama. Y luego el horror de ir descubriendo dedos o piernas o brazos, padres aferrados al cuerpecito de sus hijos, niños con su oso de peluche, señoras con el crucifijo en las manos; ¿quién me borra esas imágenes?"

Fuente: testimonio recogido por Carlos Monsiváis para el reportaje "Collage de voces, impresiones, sensaciones de un largo día" publicado en la revista Proceso el 23 de septiembre de 1985.