Más nostalgia

Esta vez por el centro de Aguascalientes. No quiero decir centro histórico o colonia centro, pues lo primero es tonto (¿por qué una zona de la ciudad sería más 'histórica' que otra?) y lo segundo le va mejor a una de esos sitios feos como Saltillo. El centro de la capital hidrocálida es impreciso y breve, como la carrera de Yadhira Carrillo. O mi propia vida allá. Nueve años no es tanto, pero sí. Cada vez que pienso en Aguascalientes, se abre un fólder lleno de documentos amarillos y frágiles, y me acuerdo del Sol y el ceño fruncido. Y creo que allá había una lupa que exageraba las dimensiones de todos esos problemones que aún no he resuelto. Yo no vivía en el centro, sino en una de esas colonias medio suburbanas y medio privilegiadas; ahí en donde poquísimas imágenes son verdaderamente retratables. Compartía la habitación con mi hermano, y tenía una grabadora en la que escuchaba como loco a Erasure y Oasis. Pero mi nostalgia hoy está en otro lado: en el centro, y sobre todo en la calle de Rivero y Gutiérrez. Qué feos su Sol y olores, pero qué bonita la Casa Terán. Cuánta tristeza me produce pensar en ese pequeño reducto cultural en el que rentaba películas para verlas en la videocasetera de mis papás. Asimismo, me pregunto por qué el tianguis del sábado por la mañana me pone así de melancólico. No he vuelto desde que compré ahí el Stage de David Bowie, o sea hace varios años. Extraño mis discos de vinilo, aunque no esa época. Anoche, con Dorian y Jaime, nos dimos cuenta de lo diferentes que son nuestras vidas ahora. Ni para bien ni para mal. Lo primero es tonto y lo segundo le va mejor a una de esas personas feas como Yadhira Carrillo.