No más raves en Aguascalientes

Ahora resulta que en la ciudad de Aguascalientes, en la que viví nueve años, acaban de prohibir los raves. Así lo anunció hace unos días el presidente municipal, Martín Orozco, luego de "comprobar" que dichos eventos constituyen "orgías de drogas", según leí en el periódico local Hidrocálido. De este modo, el funcionarió estableció la total y definitiva cancelación de permisos para llevar a cabo este tipo de fiestas, de manera pública o privada, en la jurisdicción de la capital del Estado.

A continuación, cuatro comentarios que me gustaría comunicarle a este fascista antediluviano de extracción panista.

1. ¿Bajo qué criterios puede el gobierno municipal precisar qué es un rave y qué no? ¿Tres amigos fumando mota en una casa mientras escuchan rock progresivo a más de 80 decibeles puede ser considerado un rave? ¿Esta prohibición le daría derecho a la policía a irrumpir en su vivienda y arrestarlos?


"¡Se lo juro, señor policía! Esto no es un rave, sólo estábamos celebrando mi cumpleaños... con brownies inocuos".

2. Que no me vengan. Es muy probable que el propio presidente municipal haya consumido o consuma drogas. O alguien de su familia. ¡Es un politico! Y si no, al menos estoy seguro de que incurre en una falta mucho más grave: robar, o sea ganar un sueldo elevadísimo y desproporcionado que finalmente sale de los impuestos de ciudadanos que viven como ratas.


"Híjole, hermanita, creo que no juntamos los suficientes impuestos para que Martín Orozco se compre su nueva camioneta".

3. El presidente municipal de Aguascalientes es tan torpe y cegatón que es incapaz de ver que lo único que está propiciando es que los raves se lleven a cabo afuera de la capital. Trillones de chavitos tomarán carretera cada fin de semana para ir a fiestas en los otros municipios. Prohibir no suprime, todo lo contrario: pone en riesgo.


"¿Sabrá el presidente municipal lo que hicimos el verano pasado?".

4. Un par de amigas estuvieron presentes en la redada del fin de semana pasado. Los polis llegaron al rave, golpearon a los asistentes y les quitaron su dinero. Algunos de ellos ni siquiera eran policías, pero fueron contratados y disfrazados como tal únicamente por su capacidad para dar guamazos. Tal fue la confesión que le hicieron a mis cuatachas, a quienes estos mequetrefes les robaron el celular.


"Ahora me doy cuenta, amiga, de que a partir de hoy nuestra única diversión será ir al cine y dar vueltas al quiosco, ni hablar".