Bichitos kafkianos

Conserje: ¿han visto alguna cucaracha últimamente en la oficina? Es que aquí están los señores de la fumigación.

Yo: yo sí he visto algunas, pero no puedo decir sus nombres en voz alta porque podría herir susceptibilidades. Ja, ja, ja.

Compañera de trabajo 1: ay, qué chistoso.

Compañera de trabajo 2: qué bárbaro, ash.

Yo: no me refería a ustedes, eh. Ustedes son más bien como ratoncitos, cero cucarachas.

Compañeras de trabajo 1 y 2 (al unísono): ...
Mucho ruido y pocas... lágrimas

Mi tía: mira, ya empezó la novela. Shh.

Yo: odio a la protagonista, todo mundo se la hace mensa y ella ni en cuenta.

Mi tía: a mí lo que no me gusta es que da muchos gritos y llora muy poco.

Yo: sí, es una impostora.
First of the gang to live

(Se recomienda leer el siguiente post mientras se escucha el Masters of the universe de Pulp o ya de perdis el soundtrack de Until the End of the World).

Como nubes, han transcurrido las borracheras con olor a fritanga, los trayectos dizque vertiginosos y las cosechitas magras, pero yo continúo con esta sensación de desamparo. No, no dije soledad, dije desamparo. Y en realidad no dije desamparo, sino sensación de desamparo. Soy ajeno por antonomasia, nomás no consigo pescarme y si sigo así, yo sé que voy a terminar enfermo, sin sentido del humor y viviendo en alguna calle cerca del metro Xola. "So happy and so young, and I stare, as I play out the passion of a stranger in love, letting go of the time in this other world that spins around for one, and I'm not sure where I am". ¿Qué haría yo sin esas canciones? ¿Poesía? ¿Un blog con fotografías?
Spleen de oficina

Jueves. Una de la tarde con tres minutos. Un lagrimón escurre por tu mejilla y no porque estés triste o irritado. Bueno, irritado sí, pero no de los ojos. Piensas que si el tedio tuviera un color, seguro sería el mismo que proyecta ese foco amarillo. ¿Es eso un amarillo, por cierto? Una de la tarde con cuatro minutos, el reloj está adelantado cinco minutos. Te preguntas por qué y entonces lo ajustas. Doce del día con cincuenta y nueve minutos, pf. El lagrimeo continúa y el disco se acaba. Una de la tarde. Decides cambiarlo, pero no sabes qué poner. Sigue siendo la una de la tarde. Aprietas ocho veces la teclas manzanita y M para ver si sucede algo en el Outlook, que en tu caso, bien podría llamarse Outlet. Dibujas una sonrisita furtiva y ouais!, ya pasó un minuto. Esa canción de The Cure te gusta un buen, pero la has puesto tantas veces que has sido capaz de desarrollar una especie de inmunidad con respecto a ella. "And IIIIIIIIIIII can't fiiiind myseeeelf", qué estridencia más deliciosa. Un par de metros enfrente de ti se escucha un bostezo, como esos bostezos ochenteros que tantas veces emitiste durante la primaria, acaloradísimo al interior de un suéter azul de poliéster. La canción no termina todavía y vuelves a mirar el reloj de la computadora: una de la tarde con tres minutos.
Una conversación con Xavier Velasco

Como todos los niños que sólo meten goles en su propia portería, Xavier Velasco vivió una infancia hostil. No tuvo amigos en la escuela y su mejor compañía fueron las empleadas domésticas de su casa, con quienes coreaba canciones de Leo Dan y José José. Un par de lustros más tarde, comenzó a escribir en revistas de rock, al tiempo que practicaba las temerarias artes del paracaidismo, el motociclismo y la publicidad.

Esa nueva vida lo llevó a la crónica de antros, donde tuvo la oportunidad de reventarse con sus nuevos amigos, entre los que figuraban Paquita la del Barrio, Saúl Hernández y Paco Huidobro. Hace un año, el señor Velasco se convirtió en el segundo mexicano en recibir el premio internacional Alfaguara de novela (la primera fue Elena Poniatowska), gracias a un libro de quinientas páginas en donde narra las aventuras de Violetta, una quinceañera clasemediera que le roba a sus padres cien mil dólares para fugarse a Nueva York y prostituirse con cinismo y rebeldía al ritmo de la coca y acompañada por "The Passenger" de Iggy Pop.

Si has leído con atención las 183 palabras anteriores, es muy probable que te interese leer Diablo Guardián (Santillana, 2003), o por lo menos la siguiente entrevista, realizada en una bonita casa de Tetelpan sin muebles, frente a un montón de discos brasileños y un perro enorme de los Pirineos que no paraba de olisquear mis piernas temblorinas.

Para leer la entrevista, visita www.complot.com.mx o compra la revista Complot del mes de julio (Kinky en la portada).
A hussle here and a hussle there

Esta mañana me encuentro particularmente sensible y eso puede notarse por la selección musical que emana desvergonzada de mi cubículo. El nuevo disco de Morrissey, que de triste no tiene nada, y el Catástrofe No. 17 de Le Mans, que de triste lo tiene todo. Además de Un Soplo en el Corazón de Family, que contiene esa emoción que proyecto casi casi sin querer. ¿Alguna sugerencia para la arritmia que no sea un té de Ginseng o el Berlin de Lou Reed?
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Cuatro vasos de cerveza en el Pata Negra bastaron para apaciguar mis nervios. La verdad es que desde que llegué a la peluquería empecé a sentirme inquieto, no sé si lo habrá notado mientras realizábamos ese trayecto inconciente por Gabriel Mancera.

Desde el jueves, yo había estado teniendo unos días harto pesados, con un indecente altero de encargos, una renuncia en puerta y un cúmulo infame de estrés y desvelo. Pero todo eso dejó de existir al menos por espacio de tres horas, durante las cuales logré entusiasmarme con escuchar y mirar, y al final, una adolescente con boina que ya había visto en el lavabo, se acercó hacia nosotros con un dibujo en un cartón que contenía una nariz exagerada y una especie de anunciación angelical. Aunque, si quiero ser justo, debo decir que el verdadero arcángel de toda esta historia se llama Judith (pronúnciese judit y no yudit).

Joven a los 36.

Dormí muy mal y no obstante puedo sentir paz en mi estómago y en mis ojos. Y una emoción que se parece más a la que se sufre en la nochebuena que a la que se disfruta en la nochevieja. Y no, a mí nadie me ha regalado ni una Cherokee ni tampoco podría comprar una. La línea tres, por más fea que resulte, me ha funcionado de maravilla.

Benditos San Pedro y San Pablo.
No alarms and no surprises

¿Recuerdan lo que estaba escrito aquí? Olvídenlo.
El lacero apestad y el bribón

La marcha fue más bien una mancha. De personas, de perritos y pancartas. Cientos de miles de manos (y patitas) impregnaron de sonido y trepidación las esculturas de piedra y hierro de la zona rosa, la colonia Juárez, la setenterísima San Rafael, la Alameda Central y la calle de Madero. A todas les tocó sentir los aplausos y las exclamaciones de una sociedad tecnicólor, deprimida y divertida a ultranza, de la cual formo parte, de la cual no logro escaparme. Las trece horas me pescaron afuera del edificio de la Lotería Nacional, donde a pesar del tiempo que llevaba sin dormir ni comer, entoné el himno como nunca. Sucio, canté mirando hacia el monumento a la Revolución y con la mente entre los restos del precopeo de la noche anterior. ¿Alguna vez han deseado que el tiempo regrese únicamente para llegar al presente y recordar el doble, malgré tout?
Interesante

Miren lo que me mandó mi amiga Raquel esta mañana. Al parecer, lo tomó del web de la BBC.

La palabra más difícil de traducir en el mundo es "ilunga", del idioma tshiluba, que se habla en la región suroriental de la República Democrática del Congo. Ocupó el número uno en una lista compilada por mil lingüistas. "Ilunga" significa "una persona que está dispuesta a perdonar cualquier abuso la primera vez, a tolerarlo la segunda, pero nunca la tercera".

En segundo lugar quedó "shlimazl", que quiere decir "una persona que tiene una mala suerte crónica" en yiddish, el idioma que hablan muchos judíos en Europa y Estados Unidos. La tercera palabra más difícil fue "Naa", que se utiliza en la región de Kansai, en Japón, para dar énfasis a afirmaciones o expresar que se está de acuerdo con alguien.

La pesadilla personal de Jurga Zilinskiene, directora de la empresa que realizó la encuesta, es "googly", un término usado en el juego de críquet para indicar "una pelota que se lanza como si fuera hacia el campo opuesto al bateador, pero realmente va hacia la parte del campo a su espalda". Mucha gente cree que, de todas maneras, el críquet es incomprensible. Naa.