20:09 horas. Después de presenciar cómo un abogadillo fanfarrón intimidaba al "pareja" (así le decía al policía de la puerta) para que lo dejara sacar el coche de su amigo, Z10 y yo decidimos emular tal método e intentar "arreglarnos" con don poli. Después de ofrecerle diez merlacos que gané en la comida de Notmusa ("pérese, mi chino, no sea payaso"), llegamos a la conclusión de que el soborno iba en serio. Tuvimos que darle su mordida, la de su compañero y la de la tipa que llega por la mañana, pa'que no rajare the day after. Fueron doscientos pesos, menos los diez merlacos. De ahí huímos furtivos a un evento vano en Orizaba y a cenar a los tacos del Califa. Hoy desperté sintiéndome cívicamente mal, pero como bien dice la compañera de trabajo número once: "ayúdate, que yo te ayudaré". Además, si esta mañana lograron darse cuenta de que afuera del metro Chilpancingo no había microbuses en segunda fila, como usualmente los hay, entérense de que el milagro es consecuencia de una queja que hice ayer a Locatel. Así que tan mal ciudadano no soy. ¿O sí?, ¿ustedes qué opinan?
"Yo no quiero ser Jorge Pedro".

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